La experiencia en la gestión de personas nos va mostrando, que los dos aspectos importantes del comportamiento del ser humano, a la hora de ejercer una función laboral, no se está observando en muchísimos casos. Es más, podríamos afirmar, que las personas proyectan adecuada profesionalidad en cuanto que saben y conocen como realizar sus tareas, es decir poseen conceptos, habilidades, destrezas y técnicas, aspectos que comúnmente se denomina el SABER HACER. Pero, el otro aspecto más importante, que le brinda sentido y significado a su hacer, está ausente o dormido, cual es el SABER SER. Este aspecto involucra a la persona humana, en su esencia, con su alto sentido de dignidad, con su inclinación natural a relacionarse con el otro, es decir, el ser con el otro: el otro incluido en nuestra misma existencia, como otro ser que nos confirma, nos comunica, piensa y dialoga. Cuando hablamos del Saber Ser, nos referimos a una persona que tiene deberes, obligaciones, responsabilidades que cumplir y derechos que defender. Este aspecto está fallando en nuestra sociedad actual y por consecuencia, en la actividad laboral.
Dentro de las Organizaciones Empresariales, Instituciones Públicas o Privadas, se observan personas o trabajadores que responden a sus consignas laborales en forma escueta y automática, sin dar más de ellos mismos, como si la labor no fuera algo que emanara del propio yo, como si estuviera afuera de él. Perciben el trabajo en tal o cual lugar, como algo transitorio, hasta encontrar un mejor postor, para rotar a otros Puestos o Cargos, que pudieran satisfacer sus deseos inmediatos. La entrega, el crecimiento personal y sustancial que se forma desde dentro hacia fuera, la capitalización de la experiencia, la realización y trascendencia a través del trabajo, dónde están? ¿Dónde está el sentido de compromiso, la sinceridad para el diálogo constructivo? ¿Dónde están? ¿Hoy, se ama el trabajo? ¿Es que el consumismo, la relatividad de las cosas, el placer de los sentidos, lo tangible, lo material y corpóreo es lo único que importa? Si es así, entonces se explica el vacío, la ausencia de contenidos, la depresión, el abuso de las drogas y otras sustancias, que son cotidianas en la vida de muchos jóvenes y adultos.
Nuestra educación formal no enfoca el Desarrollo Personal, quizás porque supone que la base debe estar en el individuo. Sin embargo, las familias ya no se preocupan por ello, tampoco la Escuela ni la Universidad, salvo algunas excepciones. El Desarrollo Personal toma como base de su quehacer, la afectividad, las emociones, los valores, la voluntad y la espiritualidad que para muchos, esto último, es religión o secta y es aún más, alegan que es parte del periodo del “Oscurantismo” o de la Edad Media.
Sin embargo, la conducta de muchos trabajadores y empleados jóvenes, dejan mucho que desear en el ámbito del comportamiento, que corresponde al Saber Ser persona.
En muchas Organizaciones Educativas se desarrolla la formación en Valores como una materia transversal, y eso está bien, pero nadie puede interiorizar los mismos, si no se produce un “descongelamiento” de las viejas costumbres y hábitos, como diría Kurt Lewin (1947) gran maestro del cambio cultural. Sin duda, que para trabajar estos aspectos, revisar los pensamientos e ideas resultan muy importantes, porque es allí, donde se forjan las raíces del Saber Ser. De hecho, pensar, discurrir, reflexionar es una función del intelecto. No en balde está la célebre frase que dice que hay que “vigilar nuestros pensamientos porque ellos se convertirán en palabras, luego en acciones y al final en nuestro carácter, que será el responsable de nuestro destino”.
El ser humano está compuesto de Cuerpo, Mente, y también Espíritu y este último aspecto es vital para desarrollar sensibilidad, asertividad, versatilidad, creatividad y emocionalidad constructiva. Es la mente y el espíritu los que dan vida. En este campo el ser humano construye su característica única, que lo hace diferente, que le permite discernir a cabalidad lo que le conviene, lo que le hace feliz y trascendente. El ser no puede reducirse solamente, en el “hacer lo que hacen los demás”, porque así debe ser, por la presión, por el medio que obliga , la publicidad que contamina, la moda, la puesta en escena de conductas que atropellan la razón y la sensibilidad. Muchas personas y profesionales de buen nivel, creen que si uno subraya lo improcedente de estas formas de ser y comportarse, ya manifiesta falsedad o doble moral. No se niega que muchísimas individuos tienen o proyectan consciente o inconscientemente esa doble moral, pero ese no es el tema que nos provoca.
Estos aspectos de SER, posibilitan el pensar y reflexionar sobre la realidad y la subjetividad de nuestra condición humana, sobre el tomar una posición, expresarla en forma clara, ejercer influencia positiva sobre los demás, orientados hacia el bien de los otros y de uno mismo. La sensibilidad que posibilita expresar y controlar los sentimientos y emociones. La creatividad y versatilidad para encontrar nuevos caminos, adaptar nuestras competencias e ingenio al hacer, al trabajo de cualquier índole.
Está comprobado científicamente que existen múltiples dimensiones de la inteligencia. (Howard Gardner-Universidad de Harvard) entre las que se encuentran la inteligencia Emocional (Daniel Goleman.1995), pero, también existe una Dimensión Espiritual, que hoy se denomina Inteligencia Espiritual. Estas dos están descuidadas y desarticuladas pues solo lo racional y el enfoque positivista, domina nuestra cultura moderna y postmoderna y por ello, el SABER SER está muriendo…
Las Ciencias del Cerebro o Neurociencia han progresado increíblemente y hoy se sabe que el esquema nervioso cerebral es increíblemente plástico y que varias partes del mismo, en forma interrelacionada o interconectadas, conforman el circuito de la emociones y la espiritualidad. El ser humano está preparado y listo para desarrollar los aspectos más trascendentes de su Ser. Solo hay que comenzar a trabajar a partir de las Familias, la Educación Escolar y Universitaria, pues cuando más se enseña, se experimenta y se interiorizan los valores y otros aspectos positivos del ser humano, el propio cerebro va elaborando, por así decirlo una “huella” o “marca”, que ante las diversas percepciones genera la conducta positiva adecuada.
Ya decía, como columnista invitado del Diario ABC Color Jesús Montero Tirado (Nov. 2011. Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Educación y Cultura de Paraguay) “Si la dimensión espiritual es una realidad en el ser humano por qué la educación formal no incluye su desarrollo entre sus responsabilidades para la formación integral de toda persona? ¿Por qué proponemos currículos y programas de estudios y formación prescindiendo radicalmente del desarrollo de la dimensión espiritual? …El mundo necesita otro modelo de humanidad”
Modernos investigadores relacionados con la Neurociencia Cognitiva, neurólogos investigadores, psicólogos, sociólogos, teólogos, nos están mostrando esta realidad que no queremos ver. La sociedad entera grita y da señales de alarma sobre la violencia, la corrupción, la falta de ilusión, la desesperanza, la soledad en la multitud, que son señales de que algo esencial nos está faltando… ¿Que estamos esperando?
Lic. Master Judith Farias